Harasambato’s Weblog

febrero 17, 2009

La noción de justicia en los animales

Filed under: Aspectos varios,Conocimientos — harasambato @ 4:42 pm
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Últimamente he leído un artículo de un periodista español especializado en divulgación científica que estuvo estudiando ciencia nada menos que en el MIT (Instituto Tecnológico de Massachusset, EE.UU), que se refería al valor biológico de la justicia.

En otras palabras, la noción de justicia no era una conquista de la cultura del hombre, sino un valor que se desarrolla con nuestra biología. De allí a investigar la noción de la justicia entre los animales queda un paso y es lo que se hizo.

La nota la reproduje en mi otro blog (www.carlosdiegocordoba.org donde brego por desburocratizar al sistema judicial) y de allí lo traslado a este post, igualmente pongo el link para quienes tengan interés en ver la fuente y de paso tomar contacto con un blog que es muy pero muy bueno.

 

El valor biológico de la justicia

El título corresponde al periodista científico Pere Estupinya, que publica un blog Apuntes científicos desde el MIT

Me ha parecido tan interesante que lo comparto con Uds, que en definitiva de eso se trata “bloggear” difundir lo que estimamos interesante en nuestra área de incumbencia.

El valor biológico de la justicia

 

El experimento empieza con dos monos en sendas jaulas contiguas. Uno de ellos tiene acceso a una palanca con la que acerca a la vez una galleta para él y otra para su compañero.
Hasta aquí todo normal; siempre que el investigador coloca en el dispositivo una galleta para cada mono, el que tiene la palanca la utiliza y ambos consiguen el mismo premio.

Ahora lo curioso: si el investigador pone una galleta frente al mono con la palanca, pero 3 frente alindividuo pasivo, el que tiene el control se enfada y no realiza ninguna acción.

La situación le parece tan sumamente injusta, que prefiere no obtener su premio si eso implica que gracias a su trabajo un aprovechado se quedará con el triple sin ningún esfuerzo a cambio.

Cada vez que explico este experimento se inician suculentas conversaciones. No os lo conté antes en el blog porque cuando lo oí durante una charla de Marc Hausertodavía no estaba publicado en una revista que le otorgara la supuesta “veracidad científica”, pero los geniales comensales con los que compartí cena ayer me convencieron con un simple “¿y…?”, más el complemento perfecto que necesitaba.

Y es que tenían toda la razón del mundo. El estudio se las trae… Recuerdo haber leído acerca de chimpancés enfureciéndose si por una misma acción a un compañero le daban un premio superior al suyo, pero llegar a sacrificar de tal manera su propio beneficio es algo relativamente inesperado. Sobre todo porque esto en principio no debería estar favorecido por la selección natural.

El altruismo y el rencor son aspectos peliagudos en el estudio de la naturaleza humana. Trivers en los años 70 estableció que el altruismo podría haber evolucionado para favorecer la reciprocidad dentro de los grupos de primates sociales, pero algunos consideran esta colaboración como un egoísmo encubierto en el que la ayuda está condicionada a un beneficio futuro. Sea como sea, sí tiene sentido evolutivo.

Sin embargo, realizar una acción que suponga un coste para nosotros sin que eso implique ninguna recompensa, es algo que no encaja en los esquemas de la selección natural.
Entre dos monos, uno rencoroso que no come la galleta y otro más cándido que sí se la come sin importarle que un desconocido obtenga tres a cambio, el que tiene más posibilidades de sobrevivir en la selva es el que vaya mejor alimentado.

Una explicación a este comportamiento sería que para el buen funcionamiento del grupo es muy importante penalizar las injusticias y asegurarse de que nadie se beneficia en exceso del trabajo de los demás, pero tal “razonamiento” parecía demasiado sofisticado para los primates.

El estudio de las galletas induce a pensar que la mala sangre que sentimos cuando alguien sale beneficiado en demasía de una situación que consideramos injusta, aunque no nos afecte directamente, puede estar bien arraigada en nuestra herencia evolutiva.

Evidentemente, da para mucho más. Nosotros anoche, tras darle vueltas y vueltas a las implicaciones de este experimento, el formidable Mikel Urmeneta me dijo “¿pero y esto por qué no lo has explicado en el blog?!”. “Es que no se si son macacos, chimpancés, tamarinos, bonobos… ni si les daban galletas, nueces o plátanos… ni el porcentaje exacto de monos que no accionaba la palanca… y ni siquiera tengo una triste fotografía para ilustrarlo.”
“Nada de esto debería ser un inconveniente!”, replicó sabiamente Mikel mientras cogía un papel, rotuladores, y compartía su arte con la ciencia.

Lo que impacta de todo esto es que biológicamente una decisión equivocada nos hace daño, no por su comprensión cultural sino por nuestra información genética, que nos viene desde el mono.

Feliz 200 años Darwin

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